Un TPV hecho para su forma de vender
Programamos el terminal punto de venta a la medida de un oficio concreto: con lo que ese oficio necesita todos los días y sin lo que no usa nunca. El que tenemos entre manos, para una zapatería, ya funciona de principio a fin en una tienda: caja táctil, stock por tallas y colores, arqueo, back-office y facturación encadenada con VeriFactu. Lo que queda es unir esa tienda con la segunda.
No es un programa de catálogo
Qué esUn TPV a medida se escribe para una tienda concreta. No se configura un programa genérico hasta que más o menos encaje: se mira cómo se vende ahí, qué se apunta, qué se discute al final del día, y se construye eso. Lo que sobra no está, y lo que hace falta no hay que pedirlo a un fabricante que quizá lo haga el año que viene.
El caso que tenemos entre manos es una zapatería con dos tiendas y un almacén central que reparte. Sustituye a un programa antiguo del sector, y se hace porque ese programa fallaba en tres cosas que cuestan dinero: el inventario, las devoluciones falsas y la facturación que viene por ley.
Es un programa de Windows que funciona sin internet. Si se cae la línea, la tienda sigue vendiendo, el ticket sale y la venta queda registrada; cuando vuelve la conexión se envía lo que haya quedado en cola para la Agencia Tributaria. En una tienda, quedarse sin cobrar media hora no es un inconveniente: es la caja de esa media hora.
Dos tiendas y un almacén
Una de las tiendas hace de almacén central: compra a granel y reparte a la otra. Los traspasos son parte del trabajo diario, no una rareza, y por eso enlazar las dos tiendas es la siguiente fase del proyecto.
En calzado, además, el mismo modelo son ocho tallas y tres colores. Eso cambia por completo cómo hay que guardar el catálogo, y es lo primero que se hizo.
En qué punto está, dicho claro
EstadoHoy funciona para una tienda, de la primera venta al cierre del día. Hay pantalla de caja táctil, y detrás de ella las de stock, inventario, back-office, arqueo y movimientos de caja, empleados, informes, alta rápida de artículo y entrada con PIN. Todo lo que se cuenta más abajo —el catálogo, la caja, el ticket, las devoluciones, el arqueo, el libro de facturación y VeriFactu— existe, se usa con el dedo y pasa 115 pruebas automáticas cada vez que se toca una línea de código.
Por el camino ha entrado lo que una tienda pide de verdad al mostrador: pagos mixtos —efectivo más tarjeta, con el cambio calculado—, vale y tarjeta regalo, ticket regalo, descuento por línea, apertura del cajón, caja ciega para que quien cuenta no vea el descuadre, y un inventario que cuenta unidades y no referencias, que es la única forma de medir bien la merma.
Lo que falta son dos cosas, y las dos se dicen enteras. La primera es la parte multi-tienda: sincronizar dos tiendas entre sí, los traspasos de una a otra, el vale que se canjea en la de al lado y el back-office central. Está construido el movimiento de stock entre ubicaciones de una misma instalación, no la unión de dos tiendas. La segunda es la prueba de envío real a la Agencia Tributaria, que necesita un certificado electrónico y no depende de programar.
Lo que sí se puede enseñar hoy es una demostración técnica, que no es lo mismo que una prueba del programa: una venta escaneando dos artículos, la factura encadenada que sale de ahí y qué ocurre cuando alguien intenta tocar la base de datos por detrás.
Cubren caja, cobros, devoluciones, arqueo, stock, empleados, autorizaciones, informes y libro de facturación. Incluidas las que comparan la huella fiscal y el código QR contra los ejemplos que publica la propia Agencia Tributaria.
Falta una prueba que no depende de programar. El envío real a la Agencia Tributaria necesita un certificado electrónico instalado. Todo lo demás de VeriFactu está probado contra las especificaciones oficiales y contra un simulador; esa última comprobación se hace en cuanto haya certificado.
El 1 de enero de 2027
Lo que vieneEse día, las sociedades tienen que facturar con un sistema que cumpla VeriFactu. Lo establece el Real Decreto 1007/2023, y la fecha es la que quedó tras el aplazamiento del Real Decreto-ley 15/2025. Para quien tributa en IRPF —autónomos— la fecha que manejamos es seis meses más tarde, el 1 de julio de 2027.
La obligación, en corto: el programa que emite las facturas tiene que encadenar cada una con la anterior mediante una huella, de forma que no se pueda borrar ni modificar ninguna sin que se note; tiene que imprimir un código QR en el ticket para que cualquiera pueda cotejarlo; y tiene que remitir cada registro a la Agencia Tributaria. El sistema, además, lleva una declaración responsable del fabricante del software.
Para un comerciante esto significa una cosa práctica: el TPV que tenga en enero de 2027 tiene que ser uno que haga eso. Si el programa que usa hoy es antiguo y su fabricante no lo ha adaptado, hay que cambiarlo, y cambiar de TPV en una tienda no es cosa de un fin de semana. La fecha exacta que le aplica a usted, con su forma jurídica y su régimen, se la confirma su asesor fiscal; nosotros preferimos que la mire él antes que darla por hecha.
Es también el motivo por el que la parte fiscal de este proyecto se hizo la primera, antes que nada: es la que no admite «ya lo arreglaremos».
El almacén: variantes, movimientos e inventario
Construido para una tiendaEn el encargo del que hablamos, el inventario era el problema número uno. No el que más se contaba, el que más costaba.
Producto, variante y código de barras
Un modelo de zapato no son ocho artículos: es un producto con ocho tallas y tres colores, y cada combinación con su código de barras. Guardado así, la talla 39 negra tiene su stock propio y el informe de ventas sigue hablando de modelos, no de ochenta líneas sueltas. Los complementos, que no tienen talla ni color, van como artículo simple.
El stock no se reescribe: se anota
Cada entrada, cada venta, cada traspaso y cada ajuste queda como un movimiento nuevo en un registro que solo añade. Nadie corrige el número de existencias a mano: se anota lo que ha pasado, y el número sale de ahí. Cuando algo no cuadra, se puede recorrer hacia atrás hasta el día en que se torció.
Lo que se mueve, sale de un sitio y entra en otro
El movimiento entre ubicaciones —trastienda, expositor, almacén— sale de una y entra en la otra como parte de la misma operación, de manera que lo que está de camino no aparece contado dos veces ni desaparece. Esto es lo que está construido hoy, dentro de una instalación: unir dos tiendas que se sincronizan entre sí es el paso siguiente.
Se cuenta escaneando, no artículo por artículo
Se pasa el lector por todo lo que hay y el sistema va agregando unidades, no referencias: si faltan tres pares del mismo modelo, la merma son tres pares y no una línea. Al terminar compara lo contado con lo que debería haber y saca tres listas: lo que falta, lo que sobra y lo que no se ha escaneado. Hasta que no se confirma, no se toca ni una existencia; y cuando se confirma, el ajuste queda firmado, con quién y cuándo.
La mercancía que llega, de una pasada
La entrada de género se hace con el mismo escaneo agregado, con alta rápida de lo que el sistema todavía no conoce. Es exactamente lo que el programa anterior obligaba a hacer artículo por artículo, que es la razón por la que el inventario se acababa dejando para más adelante.
Lector de los que se enchufan y ya
Se trabaja con lector USB de los que se comportan como un teclado: no hay que instalar nada. Está previsto además poder cargar por fichero lo que haya leído un lector con memoria, para contar un almacén sin arrastrar un ordenador.
Hasta dónde llega hoy y hasta dónde no. Todo esto funciona en una instalación, con las ubicaciones que hagan falta dentro de ella. Que dos tiendas compartan catálogo y existencias, se traspasen género entre sí y se vean desde un back-office central es la fase siguiente, y no está construida. Lo decimos aquí para que nadie lo dé por hecho.
La caja, el ticket y lo que pasa después
ConstruidoSe escanea y se cobra
De cada venta sale una factura encadenada con la anterior, y una venta cobrada no se puede tocar. Si hay que rectificar algo, se rectifica con un documento nuevo enlazado al original: nunca borrando el anterior. Esa regla es la que convierte el listado de ventas en algo que se puede creer.
Mitad en efectivo y mitad con tarjeta, sin cuentas a mano
Una venta se puede repartir entre varias formas de pago, con el cambio calculado y el cajón abriéndose cuando toca. Entran también el vale de una devolución anterior y la tarjeta regalo, y se puede hacer descuento línea a línea, no solo sobre el total. Si el que compra es para regalar, sale ticket regalo sin importes.
Factura simplificada completa
El ticket lleva todo lo que tiene que llevar, con su desglose de IVA, y con el código QR y la leyenda VERI*FACTU cuando esa parte está activada. Si el cliente pide factura con NIF, sale factura con NIF. Las reimpresiones salen marcadas como COPIA, para que no circulen dos tickets que parezcan el mismo.
Cinco barreras contra la devolución falsa
El fraude clásico es buscar una venta antigua, montar una devolución y quedarse el efectivo. Aquí hace falta el ticket físico y su código; ese código solo vale una vez; tiene que autorizarlo un responsable, que no puede ser quien vendió; hay un plazo máximo; y por defecto se devuelve en vale, no en dinero. Devolver dinero exige autorización expresa.
Una rectificativa enlazada, no un borrado
La devolución genera una factura rectificativa en negativo, enlazada a la venta original, reingresa el género en el stock y emite un vale con caducidad, canjeable en la tienda. Que ese vale valga también en otra tienda va con la fase multi-tienda. La venta original sigue donde estaba, intacta.
Arqueo y cierre Z
La caja trabaja por sesiones. Los gastos y las retiradas de efectivo llevan autorización a partir de un importe que se fija usted. Al cerrar sale un cierre Z inmutable y encadenado, con el desglose por forma de pago y el descuadre dicho a las claras, sin redondear a la baja.
Contar el dinero sin saber lo que debería haber
Se puede dejar que solo determinadas personas vean el efectivo teórico y el descuadre. Quien no tenga ese permiso cuenta lo que hay y lo anota, sin ver la cifra a la que tendría que llegar. Es la diferencia entre contar y cuadrar.
Quién ha hecho cada cosa
ConstruidoCada operación va a nombre de una persona. El empleado entra con un PIN —guardado cifrado, sin PIN vacíos ni de los que se adivinan— y a partir de ahí la venta, la autorización, el ajuste de inventario y el cierre de caja llevan su nombre. No es vigilancia: es poder contestar sin discutir cuando alguien pregunta quién hizo aquello.
Los permisos van por tres papeles —dirección, encargado y empleado— y luego se ajustan persona a persona en un selector, concediendo o retirando uno a uno. Tres cajones, no una lista de cuarenta casillas que nadie configura. El back-office, por decisión de diseño, no cobra: desde ahí se gestiona, pero no se hacen ventas.
La comisión se configura por empleado, con la posibilidad de poner una distinta para una marca concreta, y sale calculada por venta sin que nadie apunte nada.
Con PIN en el mostrador, y aviso al móvil
El respaldo que funciona siempre es el PIN. Cuando una operación necesita permiso —una devolución en dinero, una retirada de efectivo, un descuento por encima de lo fijado—, el responsable lo autoriza en el propio terminal con su PIN, y esa autorización queda registrada con su nombre. Sin red, sin móvil y sin esperar a nadie. Nadie puede aprobarse a sí mismo una operación.
Además, el terminal que pide la autorización puede avisar por Telegram al encargado o al jefe, para aprobar o denegar con un botón desde el móvil sin bajar a la tienda.
Todo lo sensible queda en un registro que solo añade y que va encadenado con una huella SHA-256: quién, qué y cuándo. No se puede editar una línea de ese registro sin que la cadena deje de cuadrar.
Sobre la huella dactilar. Hoy la identificación del empleado es por PIN, con sus roles y sus permisos. Un lector de huella se puede añadir precisamente porque el sistema ya identifica a una persona concreta en cada operación: lo que cambiaría es cómo se acredita quién es, no lo que se guarda de lo que hace. Es una conversación que hay que tener con el aparato encima de la mesa, no una casilla que ya esté marcada.
VeriFactu y el libro que no se puede tocar
ComprobadoEsta es la parte donde un TPV a medida se distingue de uno de catálogo, y donde se puede demostrar en lugar de prometer. La Agencia Tributaria publica ejemplos oficiales para que cualquiera compruebe si su programa calcula bien. Este los pasa.
Byte a byte contra los ejemplos de la AEAT
Cada factura se resume en una huella SHA-256 que incorpora la de la anterior. Si un solo carácter del cálculo va en otro orden o con otro formato, la huella cambia entera y la Agencia la rechaza. La nuestra se compara contra los tres ejemplos oficiales publicados, y coincide exactamente.
El código de cotejo, igual que el oficial
El QR que se imprime en el ticket es el que permite cotejar la factura en la sede de la Agencia Tributaria. Está comprobado también contra los ejemplos oficiales: la dirección que genera y la corrección de error del código son las que pide la especificación.
Validados contra los esquemas oficiales
Los registros de alta y de anulación se generan en XML y se validan contra los esquemas XSD que publica la Agencia, incrustados en el propio programa. Si un registro no cumple, no sale: se detecta aquí, no en el rechazo de la Agencia tres días después.
Con cola, para cuando no hay línea
El cliente de envío agrupa los registros en lotes y los remite. Si en ese momento no hay conexión, la venta se registra igual, el ticket sale igual y el envío se queda en cola esperando, reintentando solo y espaciando los intentos. La tienda no se entera.
Solo se añade; nunca se reescribe
El libro de facturación está encadenado y reforzado en la propia base de datos: no hay «modificar venta». Las correcciones son siempre un registro nuevo enlazado al anterior. Además, la fecha la pone el reloj del sistema, no el que teclea.
Si tocan la base de datos, se nota
Alguien con conocimientos podría abrir la base de datos por detrás y cambiar una cifra. Puede hacerlo; lo que no puede es que no se vea. Al comprobar la cadena, el punto exacto donde se rompió queda señalado. Es la diferencia entre un libro de ventas y un cuaderno.
El envío a la Agencia va con interruptor. El registro y el encadenado interno funcionan siempre, desde el primer día; lo que se activa el día que toca es imprimir el QR con la leyenda y remitir los registros. Así no hay que cambiar de programa cuando llegue la fecha: hay que darle a un interruptor.
Lo que falta por probar aquí. El envío real contra el entorno de pruebas de la Agencia Tributaria requiere un certificado electrónico instalado; hasta tenerlo, esa comprobación está hecha contra un simulador. Lo decimos porque es la diferencia entre «validado contra la especificación» y «enviado de verdad», y no son lo mismo.
Lo que nos preguntan
PreguntasCuéntenos cómo vende
HablemosMedia hora mirando su mostrador: qué se escanea, qué se apunta a mano y qué es lo que no cuadra al cerrar. De ahí sale si le compensa un TPV a medida o no, y se lo diremos aunque la respuesta sea que no.
Escríbanos y lo hablamos
Contarnos su caso no cuesta nada y le contestamos siempre: formulario, correo a soporteremoto@atinfor.es o WhatsApp al 634 556 388. Si lo prefiere por teléfono, al 911 516 746 atendemos de lunes a jueves, de 10:00 a 14:00, para hablar de contratar.
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